FORJAR PENSAMIENTO CRÍTICO. La Doctrina de Bush: La cruzada del imperialismo estadounidense por un imperio mundial único
Miércoles, 9 de Junio de 2010
Por Raymond Lotta
¿Por qué Estados Unidos emprende una guerra contra Irak? ¿Qué motiva el ataque a un país empobrecido y diezmado? Detrás de los pretextos, las mentiras y la retórica hipócrita, opera una lógica cruel. La guerra contra Irak es la segunda fase de lo que hay que llamar la guerra de Estados Unidos contra el mundo.
En los meses que siguieron al 11 de septiembre, Estados Unidos lanzó una guerra brutal contra Afganistán que cobró más vidas que el ataque a las Torres Gemelas; despachó tropas a Filipinas, Yemen y Somalia; estableció 13 nuevas bases militares en los países productores de petróleo y gas de los alrededores de Afganistán; y empezó la mayor acumulación de fuerza militar desde el gobierno de Reagan.
Los estrategas y estadistas hablan de una “guerra sin límites”. El estado mayor ha adoptado calladamente un plan militar de 20 a 30 años de guerra contra varios estados y grupos armados por todo el mundo.
Esta es la esencia de lo que está pasando: bajo el manto de la guerra contra el terrorismo, el imperialismo estadounidense está buscando un nivel completamente nuevo de dominación mundial. Ese es el sucio secreto de la “guerra contra el terrorismo”, que usa como un cheque en blanco para atacar a cualquier oponente que escoja, inclusive movimientos revolucionarios auténticos como las guerras populares maoístas de Filipinas y Nepal. La “guerra contra el terrorismo” es una ofensiva político-militar- ideológica para alcanzar una gran variedad de objetivos del imperio.
Una estrategia global para el imperio
En este artículo me propongo explorar la naturaleza y los objetivos fundamentales de la Doctrina Bush. Presentaré estos puntos principales:
1) Las maniobras actuales de Estados Unidos se derivan de una estrategia global. Esa estrategia (la Doctrina Bush) busca reestructurar las relaciones internacionales de poder y las realidades geopolíticas en regiones vitales del mundo conforme a los intereses a largo plazo del imperialismo estadounidense.
2) Para entender esta estrategia global tenemos que regresar al colapso de la Unión Soviética y el efecto que ha tenido en la política y la economía mundial.
3) Esta estrategia global tiene cuatro elementos conectados entre sí:
A) El imperialismo estadounidense busca consolidar de modo permanente su superioridad militar- político-económica sobre rivales potenciales; prevenir que un rival o adversario potencial acumule fuerzas iguales o superiores; y reafirmar su dominación global con relación a otros imperialismos y potencias regionales.
B) El imperialismo estadounidense está siguiendo una nueva doctrina militar: la doctrina de adelantarse y lanzar ataques o emprender guerras antes de cualquier provocación o amenaza.
C) El imperialismo estadounidense busca imponer nuevas formas de control y gobierno en el tercer mundo.
D) El imperialismo estadounidense se está zafando de las restricciones de las leyes, instituciones y alianzas internacionales.
4) En estos momentos Irak es un peldaño en el camino y un punto focal de esta estrategia global. En Irak se están conjuntando los intereses regionales e internacionales del imperio.
5) El imperialismo estadounidense está a la ofensiva. Pero la Doctrina Bush y lo que está poniendo en marcha están erizados de contradicciones e incertidumbres. La gente tiene que tomar medidas para crear un alineamiento político diferente, un alineamiento que pueda parar esta ofensiva de guerra y represión.
Un nuevo hegemonismo
Cuando hablo de hegemonía, me refiero a la posición dominante y el papel dirigente de un estado imperialista en el sistema imperialista mundial. Esta dominación se ejerce en el mercado mundial, en el sistema internacional de estados y en el poderío militar. La clase dominante estadounidense busca imponer una nueva hegemonía en el sistema mundial.
Los imperialistas estadounidenses se proponen reestructurar las relaciones internacionales. ¿Qué busca tal reestructuración? Busca cambiar la correlación de poder entre los imperialistas, las esferas de influencia, las alianzas militares, las relaciones comerciales y las formas de control del tercer mundo. La meta de los imperialistas estadounidenses es global: imponer un nuevo orden mundial que afiance su predominio todo el siglo y que responda indisputablemente a sus intereses. En esta estrategia global se destacan cuatro elementos.
Primero: el punto de partida de esta estrategia global es hacer permanente la superioridad militar y económica con respecto a rivales potenciales, y reafirmar la hegemonía y predominio estadounidense en el sistema imperialista mundial.
Estados Unidos está tomando medidas más agresivas para preservar su posición de superpotencia sin rivales. Quiere impedir que otra potencia imperial (Europa occidental, Rusia, Japón) o coalición de potencias imperiales y potencias regionales (como China) lo desafíe en regiones estratégicas del mundo o que adquiera los medios para hacer peligrar su posición dominante en el sistema capitalista mundial. Busca impedir que surja un rival a la par.
Por eso quiere ampliar su ventaja militar-tecnológica. Se ha comprometido a una carrera armamentista permanente para impedir que otra potencia acumule fuerzas militares comparables, para amenazar a rivales potenciales y para aplastar a cualquiera que considere hostil a sus intereses globales.
Por otra parte, quiere mantener a las otras potencias imperialistas en la posición de socios menores, subordinados y restringidos. Aquí podemos ver lo que pasa con Europa occidental y Japón.
La alianza político-militar de Estados Unidos y Europa occidental está tirante. Las rivalidades y las tensiones económicas aumentan la tirantez. Las otras potencias tienden a irse por su lado. Estados Unidos está aprovechando la “guerra contra el terrorismo” para reestructurar la OTAN y toda la estructura militar y de seguridad en que han operado estos imperialismos.
Estados Unidos está aplicando simultáneamente mano dura y zalamerías a los otros imperialismos. Esto se ve en las presiones a Francia y Alemania para que apoyen el ataque a Irak: les dice que quedarán fuera a la hora del reparto del botín (especialmente de los negocios de petróleo), si no se unen a la guerra.
Estados Unidos también está reafirmando su posición en el Asia oriental, la fuente de mano de obra superexplotable de más rápido crecimiento y el centro mundial de manufactura. El mar de la China meridional tiene grandes reservas de petróleo. Estados Unidos, Japón, Rusia y China se disputan la región. Japón, en particular, ha tratado de forjar un bloque económico bajo su batuta. China, aunque dominada por el imperialismo, se ha vuelto una potencia regional con importante influencia.
Hay que ver desde esa perspectiva las amenazas a Corea del Norte y el incluirla en el “eje de maldad” de Bush. Por un lado, Estados Unidos amenaza a Corea del Norte y le dice que es el que manda en la península de Corea y que nadie puede desafiar sus dictámenes. Por otro lado, le dice indirectamente a Japón que no olvide quién manda en la región, y a China que siga en su puesto subordinado.
Segundo: esta estrategia global se propone forjar un nuevo orden mundial con ataques “preventivos”.
En el discurso de Bush en la academia militar West Point en junio del año pasado y en el documento Estrategia de Seguridad Nacional de octubre, el gobierno anunció una nueva doctrina de “prevención”.
Prevención, en este caso, quiere decir adelantarse a atacar a quien piensa atacarte. Pero el gobierno está llevando esto a un nuevo nivel y se ha adjudicado el derecho de atacar países y fuerzas antes de que empiecen hostilidades, antes de que hagan amenazas, antes de recibir amenazas concretas. Le basta con decir que un país alberga terroristas o que podría tener, o quiere tener, armas de destrucción masiva, y lo puede atacar.
Bueno, a lo largo de su historia, Estados Unidos ha invadido y atacado a otros países cuando le da la gana. Pero ahora hay algo nuevo: amenaza adelantarse a lanzar ataques en una escala global y declara que su norma de conducta será atacar primero. Dice que tiene el derecho de atacar y destruir dondequiera, sin siquiera el pretexto de una provocación.
La doctrina de “prevención” requiere los medios para atacar rápidamente en cualquier parte y dicta continuas innovaciones militares: mejor transporte aéreo y marítimo para tropas y unidades blindadas; sistemas de bombardeo y de misiles guiados por satélites y por computadora más avanzados; mejor comunicación electrónica y reconocimiento electrónico; mayor desarrollo y despliegue de fuerzas de operaciones especiales. El gobierno de Bush ha destinado $250 mil millones en los próximos cinco años para mejorar esos sistemas, que apuntan muy claramente a regiones del tercer mundo.
Tercero: esta estrategia global dicta una arremetida contra el tercer mundo y la imposición de nuevas formas de control.
Estados Unidos amenaza al tercer mundo con “cambio de gobierno” (como a Irak), no para democratizar, sino para decapitar los gobiernos reacios o fastidiosos en regiones estratégicas. Irak e Irán destacan en la lista negra porque son un obstáculo en la meta de afianzar el control del golfo Pérsico y porque Estados Unidos quiere realizar grandes cambios en el Medio Oriente.
Pero el problema de control y gobierno en el tercer mundo es mayor. Por eso Estados Unidos no quiere solo “cambio de gobierno” (cambiar las caras), sino una especie de “transformación de gobierno”.
A nivel económico y social, gran parte del tercer mundo sufre una gran inestabilidad pues la globalización imperialista, los brutales sacudones de la economía y una urbanización caótica están desgarrando las estructuras económicas y la estructura social.
A nivel político, el estado neocolonial está en una crisis cada vez mayor. El estado neocolonial es un instrumento del neocolonialismo: una forma de colonialismo en que un país es independiente en teoría pero en la práctica vive bajo el control económico, político y militar del imperialismo.
Las estructuras políticas y militares del estado neocolonial están experimentando grandes tensiones, al igual que las alianzas de las clases privilegiadas y explotadoras que sirven al imperialismo.
En países como Paquistán, el estado neocolonial es altamente centralizado y los militares manejan la situación, pero centros rivales de poder conforman el estado. En Arabia Saudita, las redes de la familia real y la policía secreta cimientan el estado, pero esa base de poder tan escasa está atizando antiamericanismo, inclusive de sectores de las clases altas de empresarios y tecnócratas. En Latinoamérica, los salvajes programas de austeridad y de ajuste ordenados por el FMI, la corrupción, la fuga de capitales y la ruina económica de ciertas capas de las clases medias han creado problemas de gobernabilidad en muchos países. En gran parte de África, el fin de la guerra fría (y la concomitante “pérdida de interés” del imperialismo en ayudar a los gobiernos dependientes) y la crisis económica han producido gran inestabilidad.
Los mecanismos de control del imperialismo en el tercer mundo se han vuelto inestables y poco fiables. Ahora, al amparo de la “guerra contra el terrorismo”, los imperialistas estadounidenses están tratando de reestructurar el gobierno neocolonial, de agarrar más fuertemente las riendas. Recurren a un lenguaje más abiertamente colonial : hablan de acción militar global y de ocupación militar prolongada para llevar orden, estabilidad y “normas civilizadoras” a “estados fracasados” y sociedades que son “semilleros de terrorismo”.
Cuarto, esta estrategia rebasa las limitaciones de instituciones, tratados y alianzas internacionales.
Estados Unidos no quiere constreñirse por leyes y acuerdos internacionales (¡ni siquiera los que propuso!). No quiere ningún límite a su libertad de acción.
Ya se retiró del Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972, se opuso al Tribunal Internacional e hizo que el Consejo de Seguridad de la ONU le otorgara inmunidad temporal y no lo acuse de crímenes de guerra. Ha rechazado las medidas de verificación de la Convención de Armas Biológicas para que no se conozcan sus programas y laboratorios militares de armas biológicas… lo cual es el colmo de la hipocresía en vista de las exigencias a Irak.
Con respecto a alianzas militares y cooperación con otras potencias, el secretario de Defensa ha proclamado las famosas palabras de que “la misión determina la coalición”. Eso quiere decir que Estados Unidos entrará en coaliciones cuando sea posible y facilite las operaciones militares, pero no dejará que las alianzas ni los organismos internacionales, como la ONU, limiten sus planes de conquista.
Estados Unidos está formulando una doctrina de imperio que declara que el resto del mundo tiene soberanía limitada y que los demás países pueden perder su soberanía si así lo decide. Pero Estados Unidos tiene soberanía global ilimitada contra otros estados. Se puede eximir de acuerdos y tratados internacionales cuando le convenga, o imponerle a la ONU resoluciones a su favor.
Lea artículo completo en www.rwor.org

